Editorial – Setiembre 1

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La ocasión perdida

En un desliz rebuznante, una  desviación zoológica, con el perdón de los animales, un candidato anodino, perdedor de hace poco, tránsfuga para más señas y postulante a una consejería en las filas de un partido local, ha puesto el ámbito electoral  en  un nivel bastante bajo. José Quispe Farro ha declarado que los periodistas de estos predios son prostitutas porque se han vendido a la actual gestión regional y actúan con sumisión ante esa entidad. En principio, nos parece bien que alguien denuncie un hecho que le parece mal. Nada tenemos en contra de cualquiera que pone el dedo en la llaga, como se dice.

Pero nos parece deplorable la cómoda generalización que es como tirar la piedra y esconder la mano, como quitar el cuerpo antes del estallido. El citado no necesitó ser tan procaz ni tan burdelero en su declaración. Debió mencionar nombres, programas, medios, montos. Debió ser rotundo, preciso y demostrar que hay una perversión en el ejercicio del más vil o el más hermoso de los oficios. Porque su declaración queda en el nivel del insulto, de la diatriba, y no aporta nada para mejorar luego la corrompida relación entre prensa y poder. He ahí la cuestión.

Nadie puede negar que el poder, donde quiera que se encuentre,  requiera de escribas al día, cortesanos a toda hora y plumíferos bajo contrato. Una parte del periodismo local hace ese servicio, ignorando que una cosa es la publicidad y otra la información. Esa confusión, para nosotros, es todo el drama entre prensa y poder. Y una ocasión perdida en ese tema fue el empleo del insulto que más pareció una rabieta de perdedor. ¿Qué ocurriría si el líder del candidato insultante acaba en el poder? ¿Los periodistas serían obligados a sacar los trapos al sol, criticando la gestión de turno?

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1 Comentario

  1. Facil amigo editor, usted conoce al periodista mas emblematico de nuestro país por no decir al mejor, me refiero a Cesar Hildebrandt.
    ¿sabe usted que hubiera hecho Hildebrandt ante este caso?
    Lo mas correcto, si usted se siente aludido, no responda con la bazofia de su rival; invitelo a su periodico, a su programa, llevelo a su campo, donde usted es local y revuelquelo, como se dice, con argumentos contundentes, obliguelo a que presente pruebas de lo que dice, que de nombres, etc y adviertale que de no hacerlo está incurriendo en un delito y que ademas puede ser sujeto de afrontar una denuncia ya sea por difamacion, calumnia etc, etc.
    Eso es lo que usted debe hacer, si no tiene rabo de paja, déjelo mal parado y que se trague sus palabras.
    Muchas personas no miden cuando hablan por que no son personas con tino, se sulfuran rapidamente y pierden los papeles, lo cual dice mucho de uno.
    Estoy seguro que despues de esto, este personaje nunca mas volverá a hablar en ese tono y con tanta ligereza.
    saludos.

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