Editorial – Octubre 27

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La música en otra parte

En la ciudad de Loja los mandatarios de Perú y Ecuador, después de suscribir varios acuerdos para “mejorar la relación binacional”,  perdieron la seriedad de la cumbre presidencial, renunciaron a la alta investidura que detentan y dieron rienda suelta a la huachafería de cantar en público. Aunque parezca mentira, ambos coincidieron en una especie de torneo de canciones ajenas, de temas de otros, que vocalizaron como si tal cosa, como si se tratara de un acto farandulero. La cita degeneró en una especie de karaoke nocturno donde cualquier hijo de vecino puede pedir el micrófono para despachar alguna canción preferida.

Es bastante raro que dos mandatarios tengan aficiones melódicas. Mucho más raro que se alternen como en un festival improvisado. Para completar el cuadro canoro faltaba el iracundista Bucarán o el mismo Toledo con sus huaynos tristes y desgarrados. Nadie está en contra del canto o de la música como afición o como oficio, desde luego, pero nos parece  extraño que la costumbre de cantar, sin acompañamiento de banda y música u orquesta y con pésimas voces, se haya convertido en parte de ese folclore de alto vuelo. Como si, efectivamente, la política fuera un espectáculo frívolo al fin de cuentas.

Ignoramos si después que se acaban sus gestiones gubernamentales ambos presidentes se fusionarán en un dúo melódico, en un conjunto a caballo entre el vals y el pasillo, para irse con su música a otra parte. A cantar lejos de las seriedades del ejercicio del poder, lejos de las decisiones importantes que tienen que ver con el futuro de dos naciones que todavía se miran con recelo y desconfianza. Desencuentros que no se borran fácilmente. ¿O después de tanta palabra lo único coincidente serán las aficiones musicales de los dos mandatarios?

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1 Comentario

  1. Amigo editor:
    Creo que lo importante es destacar lo que cada personaje representa. Por un lado el Presidente ecuatoriano jamas podra ser comparado con el inefable Presidente peruano, ya que Correa es un personaje que se hace querer por su pueblo, incluso por los nativos de su pais que en cierta manera concuerdan con su politica orientada a ellos. El Presidente Correa, es una persona muy centrada y equilibrada, es un personaje defensor de las riquezas naturales de su pais, es un verdadero revolucionario con respecto a la planificacion de su pais, Correa es un digno y celoso guardian de lo que su pueblo consume, Correa es un personaje que continuamente se preocupa del orden, la justicia y la transparencia en su gestion. Podría poner ejemplos concretos de todo lo que menciono.
    Ahora pregunto ¿es Alan Garcia algo de esto?
    Todos sabemso que NO.
    Amigo editor, quisiera que usted y todos los lectores de Pro y Contra lean el siguiente articulo con respecto a ¿que es un politico peruano? escrito por Herbert Mujica y que realmente desnuda sin tapujos lo que en Perú son los “politicos” aqui va:

    “Con excepciones contadas, un logrero cuyo mejor éxito constituye, no el bien de la nación en sus preteridas mayorías nacionales, sino el lucimiento frente a cámaras televisivas, micrófonos radiales y medios escritos urbi et orbi. Su mejor blasón es la incultura y desconocimiento de que da cuenta hasta en la inflexión de la voz ora espontánea ora delicadamente diafragmática. Vive navegando en la epidermis y olvida el coágulo social que anida explosivo en todas las regiones del Perú.

    Verbi gracia: carece de visión geopolítica. En plena guerra jurídica con Chile por delimitación marítima, el 95% de los políticos peruanos, oblitera en cada una de sus declaraciones frecuentes el intríngulis, por una razón fundamental: ignorancia, descarada desinformación puntual, histórica y de las constantes que signan nuestra difícil vecindad con el país del sur. Por esa palurda razón asemeja al español del chiste que jamás había visto una jirafa y cuando se la mostraron, afirmó con subrayada energía: ¡ese animal no existe!

    Más aún, hoy viene en visita importantísima el presidente de Bolivia, Evo Morales, a reunirse con el mandatario Alan García y a renovar o reimpulsar Boliviamar en Ilo. Las implicancias extraordinarias de esta arquitectura han sido esculpidas por la instruida y eficiente cuanto que hábil batuta de nuestro embajador en el Altiplano, Manuel Rodríguez Cuadros. Los políticos prefieren olvidar, es decir comportarse como genuinos burros, que fue Rodríguez Cuadros quien logró torcerle el cuello al presidente chileno Ricardo Lagos y le hizo reconocer la existencia de un tema limítrofe marítimo más de un lustro atrás. Llevar a la Corte de La Haya a Chile tiene su primera piedra fundamental en esta acción clave en que incurrió el ex canciller en el mismo Palacio de La Moneda en Santiago.

    Desvergonzados e inmorales que ayer nomás veían sus nombres en el fango de cuitas impropias para funcionarios de Estado, hoy proclaman la chance de hacer alianzas para sus ambiciones presidenciales. Algo así como el criminal que asesina a la democracia que pretende hoy el coro adláter que limpie sus porquerías. Capituleros y mediocres no atisban siquiera qué es lo que han hecho, tan embebidos de su angurria de ganar dinero con oscuridades de todo calibre.

    Poquísimos días atrás el semanario Hildebrandt en sus trece ha denunciado un asunto que implica la desventaja y virtual quiebra de importadores peruanos de cereales del Canadá y de cómo su desprotección augura el anuncio nefasto de una reacción en cadena hacia el fondo abisal porque el Estado no protege como es debido a sus connacionales. ¡Y ningún político peruano ha dicho: esta boca es mía! Por buida estupidez, sin duda alguna y también por pereza genética de estudiar los barruntos de un antimperialismo constructivo y multipartidario que ampare al frente único de trabajadores de pequeñas y medianas empresas como política de Estado. ¿Se pretende decir que los empresarios nacionales no deben estar unidos?

    Don Manuel González Prada escribió sobre la institución que está en Plaza Bolívar:

    “¿Qué es un Congreso peruano? La cloaca máxima de Tarquino, el gran colector donde vienen a reunirse los albañales de toda la República. Hombre entrado ahí, hombre perdido. Antes de mucho, adquiere los estigmas profesionales: de hombre social degenera en gorila politicante. Raros, rarísimos, permanecen sanos e incólumes; seres anacrónicos o inadaptables al medio, actúan en el vacío, y lejos de infundir estima y consideración, sirven de mofa a los histriones de la mayoría palaciega. Las gentes acabarán por reconocer que la techumbre de un parlamento viene demasiado baja para la estatura de un hombre honrado. Hasta el caballo de Calígula rabiaría de ser enrolado en semejante corporación.” (Los honorables, Bajo el oprobio, 1914).

    Más aún fulminó:

    “¡Oh manía legiferante de los políticos peruanos! Quieren improvisar hombres a fuerza de imponer leyes: no hay organismos, y decretan funciones; no hay ojos, y exigen largavistas; no hay manos, y ordenan guantes. Quizá no existe candidato a la Presidencia, juez, diputado, bachiller, amanuense o portero que no archive en la cabeza su constitución, sus códigos, sus leyes orgánicas, sus decretos ni sus bandos. Todos guardan la salvación de la patria en algunos rimeros de papel entintado con algunas varas de proyectos y lucubraciones. ¡Cuánto político por afición atávica venida de su abuelo el conserje o de su padre el ex-senador suplente! (Cuánto sociólogo por haber oído el nombre de Comte y saber la existencia de Spencer y Fouillée). Esos políticos y sociólogos, pretendiendo conducir a las naciones, nos causan el efecto de un mosquito afanándose por desquiciar a un planeta. Ocurren ganas de apercollarles y decirles:

    ¡Basta de reformas y proyectos, de logomaquias y galimatías! Más de ochenta años hace que ustedes viven chachareando en las Cámaras, desbarrando en los ministerios, rastacuereando en las legislaciones y dragoneando en los puestos de la administración pública. Vayan unos a carenar buques, otros a barretear minas, otros a mondar legumbres, otros a bordar casullas, otros a manejar escobas, otros a segar hierba o quebrantar novillos.”, (Nuestros legisladores, Horas de Lucha, 1906)

    No hay aún alcaldesa de Lima y ya vibran los barruntos fatales de broncas, disidencias, amenazas y divisiones ¡antes de llegar al solio edilicio! ¿Qué clase de idiotas reparte la piel del oso, antes de cazar al plantígrado? ¡No bastan los poemas sociales y mucho menos la proclamación de méritos personales de gente que nadie conoce! Urge, apremia, es de vital importancia, hacer un cambio mental, de paradigmas y comportamientos, antes que un cambio económico. Invertir el orden representa una barbaridad pseudo-sociológica. ¡Y son no pocos paniaguados por dólares y euros foráneos los que viven a cuerpo de rey, “elaborando y pensando” soluciones para los más pobres! Cinismo e hipocresía son palabras claves para entender al Perú de los últimos 200 años.

    Hay mucho que denunciar y exclamar. Y sólo resta decir que el periodismo, que forma también parte de la política, no es una excepción ni un islote que pueda enorgullecerse de sus silencios, de la emisión de sus diatribas u “opiniones” o de los juicios que otorgan “inocencia” o “culpabilidad” a quien goce o carezca del amparo de sus simpatías. ¡Y no le echen la culpa a los empresarios sino a su falta de dignidad para defender la verdad de los hechos y la reciedumbre de la realidad monda y lironda!”
    saludos

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