Editorial – Octubre 20

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La guerra de las mujeres solas

En la larga y desconocida historia de la protesta femenina en la Amazonía, destaca la faena de una mujer conocida como Mamanchic. Ella, hacia 1545, desbarató toda una entrada andina hacia la tierra de los Chachapoya comandada por Túpac Yupanqui. Siglos después, ante la puerta principal de la Municipalidad Distrital de San Juan, en medio de velas encendidas, ollas comunes y lavado de una tela blanca, 54 mujeres protestan. Protestan con encono, con coraje. Protestan día y noche, sin desmayo ni renuncia, para desbaratar el intento de monopolio en el recojo de la basura de parte de un conocido empresario.

Las protestantes, desde hace tres años, se dedican al barrido de calles, al recojo de inservibles, en el distrito aludido luego de ganar la buena pro en intachable proceso. Hoy corren el riesgo de perder ese trabajo. Gracias a una extraña y cuestionada licitación, donde ellas no pudieron participar. En todos los idiomas están pidiendo que se anule esa licitación debido a que han detectado serios indicios de corrupción para favorecer a ese poderoso empresario. Las 54 mujeres están solas en su lucha, pues nadie hasta ahora ha tomado cartas en el asunto. Como si  no pasara nada, todos se lavan las manos.

Pero en la ciudad hay un grave problema que merece la atención de parte de las autoridades. Las 54 mujeres no bajarán los brazos, ni suscribirán la rendición. Han declarado que seguirán en esa guerra hasta las últimas consecuencias. Consideran que su protesta es justa. No piden nada del otro mundo. Exigen que se haga una nueva licitación en condiciones de igualdad, sin favorecer a nadie. No es mucho pedir, nos parece. ¿Tan difícil es atender un reclamo justo de parte de un colectivo de mujeres en esta tierra con una brillante tradición de combate femenino?

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