Editorial – Noviembre 30

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Exigencias a un candidato presidencial 

El señor Alejandro Toledo quiere repetir el plato, volver a sentarse en la silla de don Francisco Pizarro, con ese su estilo entre engolado, chabacano y ampuloso. Ayer estuvo en Iquitos, una ciudad que no recuerda ninguna obra importante durante su anterior gestión. Nadie conoce una inversión de envergadura para esta urbe durante esos cinco años donde el despilfarro gubernamental en balnearios, licores y otras frivolidades, estuvo a la orden del día. Recordemos nomás el avión parrandero que por un momento cubrió de vergüenza a la patria. Pero el hombre de la chakana ya está en campaña otra vez haciendo las promesas de rigor, anunciando esto y lo otro, buscando el voto.

Ahora y en la hora de su aspiración presidencial podemos exigirle a tan ilustre visitante que, de ganar, luche contra la delincuencia. De su propia familia, que hizo su agosto en el lustro que el señor Toledo estuvo en el poder. Esa lucha tiene que ser frontal, sin contemplaciones y sin cuartel. Caso contrario, su apellido quedará bajo el oprobio de los bajos fondos. Otra cosa que le exigimos es que no gaste tanto en tonterías y vanidades pueriles. Es cierto que el poder embriaga, pero a la hora de tanto gasto recuerde, como dice el Eclesiastés, que todo es vanidad.

En el presidencialismo peruano no hay, hasta ahora, un mandatario que haya gobernado para la Amazonía. Esta región sigue siendo la pariente pobre, el patio trasero. No está demás, por si las moscas, exigirle que no sólo se ocupe de la Sierra y de la Costa, sino de esta franja de tierra verde que también es el Perú. Usted, como cualquier otro que gane el poder presidencial, tiene la oportunidad de entrar a la historia como el primer mandatario que pensó en el país integral, en la patria de tantas sangres.

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