Editorial – Noviembre 18

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La era de los piratas

La piratería fluvial, como ocupación subterránea, como oficio belicoso,  es antigua entre nosotros. Diestros navegantes omagua, por ejemplo, se remontaron hacia la cabecera de un remoto río para desde allí iniciar operaciones de asalto a los viajeros de esa época. Nunca se les pudo atrapar porque eran diestros en escabullirse en la espesura acuática. Hoy por hoy, el asalto entre las aguas es un negocio lucrativo. No se  puede atrapar fácilmente a los avezados asaltantes, pues las patrullas acuáticas donadas recientemente no están operativas. No sirven para nada. Entretanto tenemos que lamentar el asalto a la nave Golfino II.

En el sangriento pasado cauchero se decía que la maraña era tierra de nadie, donde predominaba el más fuerte, el más brutal. En el presente, tan cauchero como entonces, predomina el delito en nuestros ríos. El urgente viajero, personaje incorporado a la realidad móvil de esta parte del país,  está absolutamente desamparado. Nadie le protege, nadie le brinda la seguridad requerida. Menos los inutilizadas patrullas. Es un ser desamparado que peregrina con la vida en un hilo. Si tiene suerte arribará sin novedad a su destino. Pero si anda de malas, como ocurrió tantas veces, corre el riesgo de morir como acaba de suceder con un pasajero de la nave aludida.

La era de los piratas de las aguas está entre nosotros, mientras nadie sabe cómo y cuándo serán reparadas las patrullas regaladas. Estos piratas aparecen de improviso, desaparecen un tiempo y luego vuelven a las andadas. Pese a que algunas bandas fluviales fueron desarticuladas, el bandidaje piratesco sigue en pie, invicto. Entre estas aguas reina el peligro.  La muerte, también.  ¿Qué genocidio fluvial será necesario para que se decida combatir seriamente a los actuales piratas?

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1 Comentario

  1. El problema es lo que todo el mundo en Iquitos sabe, el trafico de drogas que condiciona a que en estas embarcaciones se traiga el dinero para la compra y se lleve la mercaderia camuflada.
    Los delicuentes saben eso y saben los dias que tienen que coronar o de envio de los Loros, por eso basta un soplo en la frontera y solo hay que ir a esperarlos.
    LA policia tambien lo sabe pero con ellos convive pues algo les cae.

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