Editorial – Mayo 7

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El desborde del estado inepto

En tiempos coloniales, la desembocadura del río Napo era la frontera entre el Perú y Brasil, de acuerdo a la versión interesada de los lusitanos de aquella época.  Para ellos, el capitán Pedro de Texeira era el único, el auténtico, el verdadero descubridor del río Amazonas. No era una simple pose, si no una verdad perentoria. Y, seguros de que la razón estaba de su parte, soltaron feroces piratas y mamelucos bandoleros para hacer sus pillerías en las aldeas peruanas. Eran auténticos latrocinios que costaron vidas y permitieron que muchos oriundos acabaran vendidos como esclavos en la ciudad de El Pará. El Estado colonial peruano comenzó allí a desbordarse en ineptitud.

Los mandamases de este tiempo, gentes con poder que vivía en la lejana Lima, pese a que conocían de los desmanes portugueses, gracias a los detallados informes de los misioneros, jamás tomaron cartas en el asunto. Escondieron la cabeza, se hicieron los locos y nunca auspiciaron una respuesta contundente contra la invasión ajena.  Entregaron el territorio nuestro sin necesidad de una guerra declarada,  de una derrota militar.  El desborde del Estado inepto fue un lastre y no supo defender el suelo y el cielo del territorio verde que quedó desamparado, como una marca indeleble. Hoy, ese Estado sigue siendo lo mismo, tan inepto como antes.

En tanto siglos se ha petrificado en su ineptitud y no ha podido cambiar esa conducta perniciosa. Los  inconvenientes actuales con el Ecuador, se hubieran evitado  sin mayores traumas o daños, si es que ese Estado hubiera invertido agresivamente en las zonas claves de la frontera con el país  norteño. Nunca se diseñó una política de defensa de esas zonas, pese a las conocidas tensiones.  Saramiriza, Pijuayal y otras cosas surgieron entonces gracias al lastre de ese Estado banal e inepto.  Entonces, en  esta ocasión, coincidimos con el Frente Patriótico de Loreto en la petición de que ese Estado debe invertir ahora, para evitar la abierta invasión de los ecuatorianos. ¿O como antes, como con los lusitanos, ese Estado esconderá la cabeza, se hará el loco?

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