Editorial – Junio 18

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Muertos en el Yavarí

Cuando oficialmente ingresó el primer occidental, Vicente Yánez Pinzón,  al Amazonas en su nave que había atravesado el mar, estalló la violencia. Los oriundos, que presentaron una brutal resistencia, fueron muertos y convertidos en prisioneros. El hecho de efusión de sangre manchó para siempre el recorrido de los tantos ríos de estos bosques. Porquedesde entonces, de vez en cuando, explota la violencia con su inevitable secuela de heridos, de muertos. Entonces los ríos son como celadas donde en cualquier momento aparece la furia de las armas. Esta vez le tocó el turno al río Yavarí. En esa lejanía, lejanía con respecto a los centros urbanos, murió un oficial y se cuenta dos heridos y dos desaparecidos, todos de la Policía Nacional del Perú.

Los autores del hecho de sangre son miembros de una de esas mafias que operan en esos rincones de la región. En esas distancias el delito ha sentado sus reales, ha hecho su asiento y su habitación. Y los capos, los sicarios y otros servidores de ese peculiar mundo del hampa, están dispuestos a dar hasta la vida para defender sus tráficos, sus ganancias.  No están jugando a los bandidos, ni auspician emboscadas de mentira. Juegan en serio el juego de la muerte del otro, del que se opone a sus intereses, del custodio del orden. De manera que nos parece suicida que, de vez en cuando, se realicen incursiones, batidas o allanamientos, como simples operativos de rutina. Para luego decir, si se tuvo éxito en la acción, que se dio un golpe al narcotráfico.

Pero esos golpes son estériles a la postre, porque las mafias pronto se reagrupan, buscan otro lugar y siguen en las mismas. El tráfico de drogas no se detiene.  Y algunos uniformados no dejan de perder la vida en cualquier instante. Entonces, de lo que se trata, es de dejar de lado el efectismo, el ruido y la propaganda. De lo que se trata es de armar una estrategia múltiple y vinculante que declare la guerra sin cuartel a los capos de los bosques y los ríos. El aspecto represivo o militar solo sería una parte de esa estrategia. Entonces estaríamos ante un combate entre la sociedad y el delito. Una guerra que no podrían ganar las hordas del vicio y la degradación humana.

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