Editorial – Julio 2

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El impase en la calle Requena 

El comercio ambulatorio es tan antiguo como esta ciudad.  Durante muchos años no fue un obstáculo ni un inconveniente, pues eran pocos los vendedores que se desplazaban de un lugar a otro, que ocupaban puestos no autorizados. Parecían seres pintorescos, dignos del folclore local. Pero con el transcurrir de los años, con el crecimiento de la población, con el empobrecimiento de los puestos de trabajo, ese comercio es ahora uno de esos viejos problemas que siempre está allí, a la vuelta de cualquier esquina, de cualquier calle, de cualquier mercado,  esperando estallar.  Eso es lo que viene ocurriendo en estos días con los vendedores ambulantes de la calle Requena. El municipio de Maynas pretende sacarles de allí y reubicarles en otro sitio. Pero ellos y ellas se niegan a dejar sus puestos, no quieren abandonar esa arteria.

Antes las autoridades ediles simplemente emitían un edicto donde decían que quedaba terminantemente prohibido vender en tal lugar.  Luego la fuerza pública, la gendarmería, era la encargaba de hacer cumplir a punta de garrote o bala la orden dada. Hoy sería un exceso, un abuso, una barbaridad si el municipio usara la violencia indiscriminada para sacar a los vendedores ambulantes de la aludida calle. . En cualquier lugar civilizado se impone el tantas veces mencionado diálogo  para acortar las diferencias y los desacuerdos y encontrar la solución.  El principio de autoridad, en el presente, no tiene casi nada que ver con el palo o el  garrote o la mazorquería o la tropa desbocada. Se impone la autoridad de la razón y del convencimiento, pues suponemos que la casa consistorial de Maynas tiene convincentes argumentos para proponer la reubicación de los citados ambulantes. 

En una sociedad de continuos hechos violentos, subterráneos o evidentes, corresponde a la autoridad dar ejemplos de tolerancia y de sagacidad para que los problemas no se conviertan en efusiones nefastas de hechos violentos. De manera que esperamos que ese impase sea superado sin llegar al extremo del uso de la fuerza. No hay que olvidar que el comercio ambulatorio es una expresión de esa vasta informalidad nacional que no encuentra su lugar en el país oficial. Tampoco hay que olvidar que ese comercio, de todas maneras, revela la capacidad del hombre peruano de sobrevivir con el sudor de su frente, con su  ingenio y su creatividad. Así que hay que evitar que la sangre  llegue al río, ese río tan contaminado de violencia y se solucione el impase de la calle Requena.

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