Editorial – Julio 14

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Poesía y desarrollo

Debe llenar de orgullo a todos los que consideramos que la poesía tendría que convertirse en un elemento indispensable de la vida cotidiana el hecho que se haya premiado en Chile al poeta peruano Antonio Cisneros con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2010 que, además del reconocimiento literario, consta de 30.000 dólares. Y llena de mayor orgullo lo dicho por Cisneros después de recibir de manos de Sebastian Piñera, nada menos que el mismo presidente chileno, que “recompensar a la poesía es un gran acto de amor”.

¿Cuántos actos de amor necesitamos para mejorar la condición de vida de los pobladores y que se entienda desde todas la esferas que los aspectos físicos que hacen tangible el desarrollo deben ir acompañados de obras que alimenten el conocimiento? Decimos esto porque ningún candidato municipal o regional promueve entre sus propuestas electorales un plan de desarrollo cultural y nadie ha tenido la idea de colocar entre su lista de candidatos a personas vinculadas a estas actividades. Y tememos que ni siquiera se propongan emprender una revolución cultural.

Y es gratificante que se premie a un poeta desde Chile porque siempre que nos referimos al país sureño es para destacar el desarrollo económico que ha experimentado. Y poco se sabe que el desarrollo cultural que emprendieron obliga a que sea una parada obligada de poetas, novelistas, pintores y cuanto artista quiera una vitrina importante.

Y este premio se entrega en momentos que un poeta loretano como Percy Vílchez Vela acaba de presentar la segunda edición del libro sobre la historia de los Iquitos en Guayaquil, Ecuador y que marca una nueva propuesta de difusión que ha emprendido este diario con el débil apoyo de algunas instituciones. Y el mismo Vílchez se prepara para participar en el festival del libro que organiza la Cámara Peruana del Libro en Lima todos los años por Fiestas Patrias.

Si Chile tiene el estándar de vida que muestra no es únicamente porque la economía tiene un crecimiento sostenido sino porque en forma paralela ejecuta un programa de apoyo a sus artistas y donde la lectura es un ingrediente indispensable y cotidiano. Afirmar que estamos muy lejos de lograr el nivel cultural de los chilenos –donde la inversión per cápita en educación es veinte veces más que en Perú- no es sentirnos menos sino reconocer que nos falta mucho por andar. Y ese andar se debe hacer con todas las instituciones que tienen que ver con la vida cultural. Unos en la difusión, otros en la edición de libros, algunos en la organización de muestras, otros en el necesario apoyo financiero. En este diario estamos convencidos que la promoción de actividades culturales nos enriquecerá y desarrollará como ciudadanos y, al fin de cuentas, lo que necesita nuestra patria es ciudadanos de los buenos.

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