Editorial – Julio 13

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Propuestas

En realidad la historia electoral de nuestro país no registra una campaña que priorice las propuestas porque llama más la atención –y es lo más fácil no sólo para los candidatos sino para la prensa en general- lo lúdico. ¿Se acuerdan de la página 11 que le endilgaban a Fernando Belaunde en la campaña de 1980 y que permitió su retorno a Palacio de Gobierno por la puerta ancha? ¿Se acuerdan la promesa del arquitecto de Acción Popular prometiendo la generación de un millón de empleos que nunca cumplió? Eso en el ámbito nacional y para referirnos a uno de los políticos más serios y responsables que tuvo la historia republicana peruana.


Pero la payasada y la promesa fácil son inherentes a un proceso electoral. Y las diatribas siempre hacia quien tiene la primera opción son lugar común en una competencia donde todos quieren ser primeros pero sólo uno logrará el triunfo. Así que no debemos perder de vista las expresiones de unos contra otros siempre con la advertencia que más es la viruta que la madera buena. Tampoco perder de vista a quienes desde diversas percepciones plantean propuestas que podrían ser consideradas como serias por el tema que abordan pero que al mínimo análisis pierden esa categoría. Está bien, por ejemplo, despreciar los besos en la boca que un candidato ha puesto en agenda pero también es igual de reprochable que se prometa mejoras comunales cuando no se tiene jurisdicción para ello. No olvidemos que ya en el pasado elegimos a un candidato que prometió cuatro mil casas para reducir el déficit de vivienda que existe en la provincia y al término de su mandato no se concretó ni siquiera el techo de media vivienda.

Lo que se evidencia en los dos párrafos anteriores es que las campañas electorales siempre serán matizadas por anuncios grandilocuentes y oposiciones difamatorias porque la condición humana cae en ese tobogán, más aún cuando de ganar las elecciones se trata y se sabe que la población muchas veces gusta de estas características. ¿Se imaginan lo tediosa que sería una campaña con solemnidades y frases fabricadas? ¿Se imaginan cómo sería una campaña donde los candidatos no se ocuparan de sus opositores? ¿Sería interesante un proceso electoral donde los postulantes se lancen flores y piropos y no la maticen con acusaciones malévolas?

Así que pedir con insistencia una campaña de propuestas es negar la historia electoral del país y negar a los mismos electores la posibilidad de una jornada vibrante y hasta emocionante.

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1 Comentario

  1. No se olvide que en un proceso electoral, las que tienen una cuota alta de protagonismo son las compañias encuestadoras que a lo largo de los ultimos 20 años han cobrado un fuerte componente que influye en la decision popular.
    He sido testigo de algunos comentarios de personas que tienen una minima percepcion critica de los asuntos politicos peruanos y basan su preferencia en lo que las encuestas digan. Por ejemplo se oye decir: “yo votaré por Lourdes porque yo voy a ganador”.
    Pero el problema no solo es la influencia que tienen las encuestadoras ante las preferencias de la poblacion, tambien es que las misma se han convertido en entidades susceptibles de ser corrompidas por el poder del dinero y casos no faltan.
    Esto es una costumbre ya institucionalizada en estos tiempos, el que tiene mas dinero tiene mas posibilidades de ganar una eleccion, eso sin nombrar tambien las conocidas movidas que se hacen en el conteo de votos. Existen muchos casos de irregularidades en el conteo de votos denunciadas y nunca aclaradas.
    Total, esto seguirá asi mientras exista poblacion desinformada y falto de una cultura politica.
    Creo que nuestro pueblo no se merece esto y estamos para comprometernos con ellos en esa lucha diaria de construir un mundo libre, donde puedan vivir nuestros hijos y sus hijos.

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