Editorial – Febrero 8

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Candidatos a prueba

En tiempos del auge del conocimiento no es una exageración someter a una prueba –oral y escrita- a los aspirantes al poder terrestre de este país de tantos burros. La burrería en las cercanías de los altos cargos es procelosa en el Perú del ayer y de todavía. Sería de nunca acabar mostrar las metidas de pata y de trompa, los equívocos, los yerros de tanto prócer nacional. El antiguo Virú sería otro si no se hubiera encumbrado la mediocracia soez y prepotente, el tartujismo insolente, la cantinflería de medio pelo.  Las pintadas o herradas nalgas de una Susy Díaz buscando el anhelado escaño podría ser la cifra de ese destino lamentable. Los cómicos de poco talento, los peloteros fracasados, las faranduleras de bastantes carnes y poco seso, con aspiraciones a dirigir los destinos de la patria, es la degradación final.

La puntual sugerencia sobre la prueba de conocimiento a los candidatos partió de palacio de gobierno, de la encendida verbal de don Alan García Pérez. Nos sumamos a esa moción y proponemos que primero pasen por el cuestionario los candidatos apristas y que demuestren después de contestar las sesudas preguntas dónde está el prometido futuro diferente, dónde el pan y la libertad, dónde queda el primer mundo, dónde se hacinan las grandes ideas. Luego que pasen los otros, los tantos que anhelan el poder efímero.

Los señores candidatos que salgan desaprobados de inmediato renunciarán a sus pretensiones presidenciales y parlamentarias. De por vida, así vuelvan al jardín, a la primaria o a la secundaria, no podrán aspirar a ningún cargo, ni siquiera el de portero del Congreso. Es posible que así la proverbial burrería nuestra disminuya para posterior beneficio del pobre y sufrido votante.

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