Editorial – Enero 7

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El teatro después de un siglo

En el censo de nuestros desastres resalta la demora, el retraso. Don Francisco Requena, por ejemplo, pretendió implantar la navegación de naves construidas en estos lares. Se demoró once años en gestiones truncas. Más de un siglo después de sus esfuerzos arribaron los barcos fundadores. En la confluencia del Ucayali con el Marañón, por ejemplo, el Congreso ordenó instalar un astillero. Todavía no se pone la primera piedra. Valgan las anteriores frases para referirnos ahora a un lugar que corre el riesgo de convertirse en uno de esos antros de la demora, del retraso.

Estamos escribiendo sobre el antiguo local edil que padeció los avatares de la implacable demolición, hecho que destruyó el mural del pintor César Calvo de Araujo. El mismo se ubica en la segunda cuadra de la calle Napo. Alguna vez allí estuvo la biblioteca y hubo un incipiente museo. Ese local, construido por el burgomaestre Palacios, desde las pasadas fiestas patrias se muestra como un laberinto de ruinas. La gestión saliente dijo que iba a construir un ambiente edil. No le dio el tiempo ni el presupuesto. O la simple voluntad. Pero eso es otra historia.

La presente gestión edil, liderada por el señor Charles Zevallos, acaba de decir que allí mismo, donde están las ruinas consistoriales, va a construir un teatro. En 1900 el señor Von Hassel propuso a la Prefectura de ese entonces la construcción del primer teatro de Iquitos. La propuesta fue denegada. En el lugar donde se alzaría ese teatro se prefirió edificar la cárcel. De tal manera que, con bastante retraso y con harta demora, el local teatral aparece después de más de un siglo. Desde este diario, con todo el  derecho del ciudadano, le tomamos la palabra al actual burgomaestre para que ese teatro no siga siendo una espantosa demora y se convierta en realidad.

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