Editorial – Enero 31

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El examen indispensable

La campaña electoral, como no podía ser de otra manera, se desbordó hacia el golpe bajo, el insulto soez, la zancadilla. Como siempre. La palabra loco, para desacreditar al otro, apareció en el escenario hace poco. La pronunció el gran Alan García para referirse a don Alejandro Toledo. Después el censo de escarnios no se detuvo. Un cerro de malas palabras, de frases ofensivas, se podría levantar con todo lo que se dicen los unos y los otros. En esta ocasión queremos referirnos a una cereza de ese pastel picaresco. El señor Luis Castañeda pidió un examen toxicológico para el señor Toledo quien tiene lo suyo, una fama de borracheras, de diablos azules, de otros vuelos.

El pedido, en realidad, no es nada nuevo. El ahora olvidado Fernando Olivera pidió lo mismo antes de convertirse en aliado del que denigraba. El pedido, por otra parte, es absurdo. El análisis toxicológico ya se le hizo al citado, según testimonio del congresista Meckler. Es decir, ni en la agresión ni en la diatriba, los candidatos muestran talento, innovación. Repiten un manual como papagayos en corral ajeno.  Como decir a coro que se debe seguir con el actual modelo. Un modelo petrificado en el fracaso como ya dijeron sus mismos mentores.

El asunto de la toxicología es bastante serio en este país. No se le puede dejar pasar así nomás. En  Huánuco los ediles han decretado que antes de cada sesión se haga un examen toxicológico a cada regidor. Ese examen se debería extender a todo nivel del poder en este Perú. Por las cosas que dicen o que hacen, tantos representantes nacionales parecen haber pasado por espumosos licores que les desgracian la cordura elemental, por hongos cegadores de la razón, por alucinantes bebidas que matan las ideas, las propuestas, las soluciones urgentes.

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