Editorial – Enero 11

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Errores de un Consejal

Desde que el periodismo existe como oficio, la objetividad es una falacia, un cuento. El periodista no es un ser angelical, ubicado más allá del bien y del mal, poseído por un faro celestial. Es un ser de carne y hueso y es movido también por pasiones, por intereses. Subalternos o no. He ahí la cuestión de un honroso o vil oficio. De manera que el actual presidente del Consejo Regional de Loreto, señor Carlos Vela, equivoca el disparo al pedir peras al olmo, al solicitar muy orondo y con evidente candidez a la prensa local que sea objetiva al referirse a las autoridades. ¿Cómo podría hacerle caso, por ejemplo, un periodista partidario del candidato perdedor en las pasadas elecciones?

Donde anda más perdido el aludido ciudadano es cuando pide a la prensa que resalte los aspectos positivos de esas  autoridades. Eso es absurdo. Cualquier autoridad, en su presupuesto, tiene dinero para pagar para publicitar sus proyectos, sus propuestas, sus obras. La publicidad es un negocio como cualquier otro. El periodismo, de donde fuera, se apoya en ella para sobrevivir, pero su norte final es la información. Donde el susodicho cierra sus errores es cuando pide que la prensa se fije en las intenciones de las autoridades, como si no supiera que así está  empedrado el infierno.

El citado ciudadano hubiera acertado si es que hubiera pedido más investigación a la prensa local. Allí sí estaríamos de acuerdo con todas nuestras fuerzas. Porque eso es lo que falta en el periodismo local. Por eso la corrupción en la mayoría de los casos queda en la impunidad. La prensa local abunda en franelistas del poder, en bufones de tres por cuatro, en escribas sumisos y rentados no para hacer publicidad sino para informar a favor de tal o cual personaje. ¿O no señor Carlos Vela?

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