Editorial – Diciembre 7

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La salud de los pobres

En la hora definitiva de su salida, el segundo alanismo confirma el alejamiento definitivo de este país del primer mundo. No entraremos velozmente a ese  condado  ni con la sabrosa comida nuestra, ni con los excedentes de la venta del pollo a la brasa, ni con los tributos concedidos por la venta del pisco, ni con la  labor de los emprendedores, muchos de los cuales acabarán en la cárcel,  ni con nada. Aunque le duela a algún aprista desquiciado. Nos quedamos en la periferia del progreso, como siempre. Es decir, andamos peor de lo que pensamos en nuestras horas más amargas y más pesimistas.

El primer mundo nos ha dejado de lado. Lo confirma, sin piedad,  la tardía asignación de un presupuesto especial destinado a brindar servicio de salud a  6 distritos más pobres de esta región de verdores y bastantes aguas. La salud es mortal entre los pobres de cualquier parte de la tierra. Hasta en el primer mundo que no es nada del otro jueves ni un paraíso anhelado, como lo prueba la corrupción imperante. El alanismo ya se va, cuanto más rápido  mejor,  y recién se acuerda que algunos pobres de esta parte del Perú también tienen derecho a curarse. A estar sanos, a no morir por falta de la elemental atención.   

Desde luego, sin mezquindad, estamos de acuerdo que se brinde atención a los sectores menos favorecidos de esta región, a los moradores de las comunidades nativas. Pero, nunca falta un indeseable pero, hubiera sido mejor que ese presupuesto especial llegue antes a esos amazónicos que nada conocen de la labor estatal. Hubiera sido mucho mejor que cuando comenzó este gobierno los mandamases de la salud se hubieran preocupado por la salud de los más pobres de este condado selvático. Cuántas tragedias desconocidas se hubieran evitado.

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