Editorial – Diciembre 22

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Adiós al peor año

En la convención de la medida del tiempo, ese enigma sin solución, 365 días es un año. En la desatada pasión por lo mediocre, cada fin de año es motivo de despelote, de francachela, de festejo, sin reparar en que siempre el tiempo arrasa con todo lo que encuentra a su paso. Este 2010 se está yendo como a la deriva y sin quedarse un segundo más, y, pese a los buenos deseos de felices pascuas y venturoso año que se viene, pese a la algarabía pública, a las ofertas de los comerciantes, el balance general arrienda por lo negativo. Consideremos el balance de un sector importante de la población.

El peor año para el magisterio, calificó el dirigente Gilder Torres al 2010. Sus razones tiene el aludido y son datos respetables y en general se refieren a la sordera del mandatario derechista y de su gobierno empeñado en seguir las conferencias del desfasado Miguel Angel Cornejo, antes de atender las legítimas demandas del maestro regional y nacional. Las demandas son antiguas, son históricas y no han sido atendidas por este régimen que suele llenarse la boca sobre calidad educativa y otras hierbas. Pero nada ha hecho, por ejemplo, para sacar del último lugar en el rubro de las matemáticas y en comprensión de lectura a los estudiantes de este país.

En el deterioro de la vida regional los maestros no son los únicos que consideran como el peor año a este 2010. También los que sufren las alzas silenciosas de los productos, los que no pueden más ante los apagones reiterados, los que deambulan por las calles en medio de abundantes basurales, los que acaban de ser despedidos con cualquier pretexto, los que no pueden cobrar sus haberes después de meses de trabajo. La inmensa humanidad de a pie, del recurseo, del día a día, que tendrá que soñar  con mejoras en el año que se viene.

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