Editorial – Agosto 5

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La campaña sin deudores

El mal arte de estafar con el recurso del cabeceo, del perro muerto, es una socorrida modalidad nuestra, una forma de viveza criolla que está más extendida de lo que parece y que afecta a todos los estratos sociales. Nadie está libre de ser víctima de ese delito. Nadie puede decir que de esa sucia agua no ha de beber. Sin exageración, podríamos  mañana mismo exportar a personajes increíbles, respetados ciudadanos, gentes de mucha decencia, seres aparentemente sin tacha, para que enseñen en otros lugares esa tecnología socorrida.

Desde luego, la política no es una isla y allí también abunda el cabeceo. No solo de las encendidas promesas durante los discursos, sino de dinero contante y sonante.  Los candidatos no están ajenos a ese robo que, para mayor ejercicio de los unos y los otros, no está penado por ley. Conocemos a candidatos que hasta ahora no pagan las deudas que contrayeron en anteriores campañas. Sumadas las cifras nunca canceladas dan como resultado una fortuna. Una fortuna de nada. Porque esa deuda es impagable, es dominio del olvido, es reino del cabeceo. Eso no es todo. 

De acuerdo a la versión del candidato a la alcaldía de Maynas, señor Dante Perea Mori,  existirían candidatos con deudas respetables  que nada tienen que ver con los gastos de las campañas. Es decir, deudas contraídas en otros ámbitos, otros rubros. El aludido sostuvo que los candidatos y candidatas, por supuesto,  deberían presentar sus respectivos informes  emitidos por la entidad correspondiente, Infocorp. Entonces se sabría toda la verdad sobre esas deudas, en cuyos tramos finales podría estar latiendo el furibundo cabeceo, el arrasante perro muerto. Deber no es un delito. Pero sería más decente, más segura, una campaña electoral sin candidatos deudores.

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