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Dice el dicho que nadie nace sabiendo ser padre, que los niños no vienen con instrucciones, ¿cuáles son los errores más comunes al educar a nuestros hijos?

Le pedimos hacer cosas para las que aún no está preparado. Cuando no estamos siendo realistas con las capacidades de acuerdo a la edad de nuestros hijos lo único que vamos a lograr es que ese niño fracase una y otra vez en sus intentos de complacernos y nosotros vamos a terminar decepcionados y tal vez enojados con él. A fin de cuentas, ambos nos sentiremos frustrados. No pidamos a nuestros hijos que hagan cosas para las cuales aún no tienen edad suficiente.

No somos capaces de ser empáticos: Si nuestro hijo no cumple con nuestras necesidades y/o expectativas suponemos que es desobediente o malcriado, en vez de intentar ver la situación desde su punto de vista para entenderlo. Muchas veces, un niño juzgado por sus padres como “desobediente” en realidad está enfermo, cansado, hambriento, preocupado o triste. No juzguemos a nuestro hijo a la ligera. Aprendamos a ver las cosas desde su perspectiva con tal de entenderlo.

Olvidamos que es niño: Muchas veces nos olvidamos de cómo eran las cosas cuando nosotros mismos éramos niños y esperamos que nuestro hijo actúe como adulto, no conforme a su edad. Los niños sanos son inquietos, se revuelcan, hacen ruido, expresan sus emociones y pueden tener dificultades para poner atención. Todos estos “problemas” pueden no ser más que condiciones normales para un niño. Dejémoslo disfrutar su infancia.

Entendemos las cosas al revés.

Muchas veces pensamos que a nuestro hijo le toca responder a nuestras necesidades y no que nos toca a nosotros responde a las de él. Deberíamos dar prioridad a las necesidades de nuestro hijo, no de las propias.

Lo criticamos y culpamos: Errar es humano, más para un niño que apenas está aprendiendo a hacer las cosas. Es fundamental entender esto para ser pacientes y poder ayudarlo.

Ignoramos el daño que pueden provocarle a un niño los reproches. Si no aprendemos a ponerle límites a nuestro hijo sin agredirlo, ya sea con golpes, humillándolo o violentándolo verbalmente, solo conseguiremos dañar su autoestima y convencerlo de que es así como debe comportarse él con los demás.

Olvidamos lo importante de ser cariñosos con él: Aunque muchas veces es necesario que seamos firmes no podemos dejar de ser amorosos con nuestros hijos, darles consuelo y fortalecer su autoestima a través de los abrazos y palabras de comprensión y amabilidad.

Dejamos de predicar con el ejemplo: No es tanto lo que les digamos que hagan, sino lo que les enseñemos con el ejemplo lo que realmente tendrá efecto en nuestros hijos. Como papás, debemos ser exactamente como queremos que ellos sean.