Crónicas bahianas (III)

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Nunca se sabe bien qué es verdad y qué es leyenda en esta ciudad

Jorge Amado

Soy un vecino de paso en el barrio de rio Vermelho, por azar estamos hospedados en un hotel muy cerca del mar y a unos pasos de la Casa de Yamajé, la diosa de las aguas – como amazónico que nació a unos metros del río Amazonas estaba la mar de feliz, en estas aguas de color turquesa hay una pizca de él. En este mismo barrio vivía el escritor bahiano Jorge Amado. En el paseo marítimo de la rua da Paçiência hay una escultura del escritor junto con su mujer Zélia Gattai y su fiel perro bulldog con rostro apacible y gruñón, están mirando al Océano Atlántico. Un día luego de caminar terminé sentado cerca de unos puestos donde venden acaraje pregunté a un señor por la casa del escritor. Al escuchar su nombre saltó como si le hubiera dado un calambre y con una amplia sonrisa me dijo que no sabía pero preguntaría a los que viven por aquí. Confieso que mi portuñol me salvó por los pelos. Un señor vecino del barrio y muy amable me indicó como llegar. Así con un sol abrasador me sumergí en el barrio de río Vermelho hasta llegar a la casa de Jorge Amado. Ese día para mi suerte la entrada era gratis – había caminado como dos horas porque me dieron una dirección falsa y la entrada gratis lo tomé como una compensación a los sudores. Pero desde que uno entra A Casa do Rio Vermelho hay una intensa luz y derrocha buena energía, vitalidad que me recordaba al carácter de Amado. Se me pasó el cansancio de la larga caminata al entrar a la morada de esta pareja de artistas, pensé a momentos que la casa me era esquiva. Mientras caminaba dentro de la residencia escuchando los gritos de los pájaros y al entrar a uno de los salones me topé con la máquina de escribir, con su escritorio, dándome un sacudón. Estaba entrando a la intimidad de la cocina literaria de un creador. Así alucinado y en flash back – como la novela “El alucinado” de Jorge Nájar, recorría la vivienda con el sonido del canto de los pássaros. Me decía como reproche y apunte que es una morada ideal que todo escritor o escritora de la floresta debería tener. Está rodeada de árboles y de una gran colección de todos los tamaños de ranas – las ranas es un gran símbolo de fertilidad literaria y de resistencia; a los lugares que visito trato de traer una rana para el Olmo. En la habitación para las visitas están colgadas esas camisas coloridas que tanto le gustaban al escritor de esta ciudad. A mí esos trajes me trajeron a la memoria los trajes de los hombres de Benín muy coloridos. Amado proclamaba el sincretismo de razas y colores en esta parte de la tierra. Reconocía ese gran aporte de los migrantes africanos y del cual se sentía muy orgulloso. La casa de Jorge Amado es una gran resistencia al tiempo, además está vacunada contra la intolerancia porque la han visitado escritores y escritoras de todos los pelajes políticos – hasta Vargas Llosa siendo el liberal (como mi padre que es liberal en lo económico pero muy conservador en lo político) y Amado, recordemos fue elegido diputado por el Partido Comunista, artistas populares, intelectuales. Era y es un gran punto de encuentro. La Rua Alagoinha, 33,  sigue siendo una de la fiesta.

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