Columnista invitado – Mayo 19

377
1
Compartir

Ecos del paro

Por Rafael Saavedra

Días antes del paro, mejor dicho semanas antes, se desató en nuestra ciudad un inusitado y singular debate mediático. Por una parte un grupo opositor conformado por políticos, comerciantes, un conocido dirigente de construcción civil y alguna emisora, se empeñaron en desacreditar las propuestas del Frente Patriótico, haciendo conocer a la opinión pública sus inverosímiles argumentaciones para impedir que prosperara una iniciativa unitaria patriótica para levantar una protesta colectiva contra las anunciadas intenciones gubernamentales para concretar la entrega de Pijuayal y Saramiriza al Ecuador.

El debate sobre temas sustantivos que afectan nuestra condición autonómica y la defensa de nuestro territorio no es una novedad, aunque salvando las distancias y la calidad de las mismas, debemos recordar la larga disputa entre La Liga Loretana, que representaba el pensamiento regionalista y los de La Cueva, conformada principalmente por grupos oligárquicos que defendían los intereses de las grandes empresas comerciales en contubernio con funcionarios del Estado. Todos ellos principalmente foráneos.

Tampoco es una novedad que algunos medios contribuyen a desdibujar los hechos de acuerdo a sus intereses; como temprano ejemplo recordemos el rol desempeñado por la prensa a finales del siglo XIX  en relación al Levantamiento Federalista de Loreto de 1 896.

Federica Barclay dice que “los diarios dieron sorprendentemente un moderno manejo mediático y psicosocial del acontecimiento y los temas conexos…. En especial el diario El Comercio de Lima se convirtió en la piedra angular de la campaña mediática y psicosocial  emprendida por el gobierno y que jugó un papel fundamental en la difusión de información y en la formación de la opinión pública a nivel nacional, gracias al hecho de que sus notas eran ampliamente reproducidas y comentadas por todos los periódicos del país……El gobierno y la prensa contribuyeron de manera significativa a ampliar esa percepción por su tratamiento de los sucesos, particularmente a partir de la noción apriorística de que el movimiento estaba destinado a separar a Loreto del Perú. Varias fueron las aristas de este asunto tratadas por los diarios y las fuentes del gobierno con admirable ligereza fomentando por ese medio “gran excitación” en el público”.

El Tratado de Comercio y Navegación con el Ecuador suscrito el 26 de octubre de 1 998 se asemeja notablemente, a lo que pasó en el tiempo, con el Tratado de Navegación y Limites que el Gobierno de Leguía suscribió con Colombia el 24 de marzo de 1 922. El Tratado se ejecutó diez años después, en el año de 1 932. Hoy al igual que aquella vez, existe una pretensión desmedida del gobierno para ejecutar a como de lugar la entrega de Pijuayal y Saramiriza que se convertirían en enclaves ecuatorianos. La desesperación se apodera de nuestros gobernantes, puesto que ya van cerca de doce años que no se implementa el Artículo 22 de ese nefasto tratado que a la letra dice: Artículo 22.- Se acuerda la creación, por un período de cincuenta años renovables, de dos “Centros de Comercio y Navegación”, destinados al almacenaje, transformación y comercialización de mercancías en tránsito, procedentes del Ecuador o destinadas a su territorio. Las mercancías procedentes de o con destino a dichos Centros gozarán de libre acceso a las facilidades existentes en los puntos fluviales habilitados para la carga y descarga en los ríos objeto de este Tratado.

El Gobierno del Ecuador designará, para la administración de cada uno de estos centros, a una empresa privada registrada en el Perú. El Gobierno del Perú, mediante el respectivo contrato de concesión, cederá en administración el terreno para el funcionamiento del Centro a la empresa designada por el Gobierno del Ecuador, dentro de los alcances del presente Tratado. El plazo a que se refiere el primer párrafo del presente artículo comenzará a regir a partir de la fecha de suscripción de dicho contrato. Esta empresa financiará y ejecutará la construcción del centro respectivo, la que se sujetará a las normas pertinentes peruanas, sobre bases no discriminatorias.

Es evidente que para conseguir este objetivo se  ha construido una malévola estrategia que toma en cuenta una serie de mecanismos para ablandar nuestra conciencia. Tengamos en cuenta los siguientes hechos: Un semanario de Iquitos publicó en su editorial, hace poco, elogios a la hermandad peruano-ecuatoriana. Una universidad particular rindió honores a una delegación ecuatoriana. La Ministra de Salud viene desde Lima a reunirse en nuestra ciudad con su par ecuatoriana y es recibida con galas y se comprometió al Director de Salud de Loreto a presidir una comisión para tratar en forma conjunta la problemática binacional de su sector; anunciándose que en el mes de junio se volverán a reunir ambas delegaciones en la provincia ecuatoriana de Morona. Ante nuestros ojos se realizan incursiones  cada vez más frecuentes de naves ecuatorianas por el Napo. Este es un temible embate ideológico, es la punta de lanza de los operativos psicosociales para desmoronar la resistencia loretana, al que se prestan cándida o maliciosamente algunos partidos, movimientos políticos, dirigentes y algunos periodistas para que con sus falsas argumentaciones, armen debates insulsos para distraer y confundir a la población y en esa consternación colectiva se realice la premeditada invasión sin obstáculos hacía Pijuayal y Saramiriza. Todos reconocemos que nuestros problemas son múltiples; trabajemos unitariamente para que las cosas cambien, para que las inversiones para el desarrollo las realice el Estado sin mutilar el canon petrolero, que el congreso nos de leyes pertinentes; también es necesario que las autoridades regionales encaminen su actuación hacia la cautela de la inversión y el cumplimiento de sus competencias. Todos esos problemas y muchos más necesitan ser resueltos, pero por encima de ellos, el problema fundamental que afrontamos es la Defensa de Nuestro Territorio;  y que por un mínimo de equidad  debe recibir un trato igual al que viene haciendo el Perú como Estado para recuperar una pequeña parte del mar que nos arrebató Chile y que la diplomacia ha llevado a Ginebra; exigimos que el Perú entero defienda por semejante la no entrega de esos kilómetros cuadrados al Ecuador que laceran nuestra dignidad de país.

Desde los inicios de nuestra vida republicana los pueblos descendientes de la antigua Comandancia de Maynas, han sabido responder con unidad en la hora y la circunstancia al tratamiento indiferente del centralismo para entender nuestras contrariedades y defender nuestra posesión territorial. Recordemos que nuestros antecesores nos dejaron una herencia que, entre otros, siempre debemos tener presente. La Revolución Federalista del 2 de Mayo de 1896 conducida por Mariano José Madueño y Ricardo Seminario que proclamaron la formación del Estado Federal de Loreto dando a conocer al Gobierno de Pierola, que gobernarían Loreto en forma autónoma hasta que en todo el Perú se adoptase el sistema federalista.  La Revolución de 1 921  dirigida por Guillermo Cervantes, que con el respaldo del pueblo se declaró Jefe Militar y Político de Loreto en protesta por la depresión económica que nos agobiaba; proponía un gobierno autónomo que superara la crisis y mejorara los niveles de vida de la población. Diez años después se dio la entrega de Leticia que nos condujo a su recuperación y a la Guerra del Putumayo con Colombia entre 1 932 y 1 933.

Este es el momento crucial para reafirmar una decisión unitaria de desterrar el abandono y el entreguismo, que son las constantes que nos han venido acompañando en estos largos días republicanos, que motivan permanentes tensiones sociales que se desencadenan violentamente como los hechos de octubre del 98 que nos dejó una secuela de víctimas, como los Bagua y las entregas, contra la voluntad soberana del pueblo, de Pijuayal y Saramiriza, que están hermanadas en el tiempo con las otras nefastas entregas territoriales a favor de Brasil, Bolivia y Colombia. Los amazónicos siempre estuvieron prestos a la defensa de  los intereses nacionales; en la guerra con Chile los voluntarios amazónicos remontando los ríos y las cordilleras se fueron a ofrendar su valiosa sangre en los arenales costeños de este Perú cada vez más distante. Nuestra heroicidad nunca podrá ser minusvalorada ni denigrada.

Considero que se acerca el momento supremo de la verdad. La historia y las generaciones  venideras sabrán juzgarnos.

(Visited 54 times, 1 visits today)

1 Comentario

  1. Los conflictos armados justamente dejan esos resultados…muertos de un lado u otro…Eso es malo. Pero es más lamentable la actitud del columista incapaz se superar sus propios conflictos con argumentos retrógradas y fuera de época. No hay forma de que los Ecuatorianos se apropien de nada peruno a estas alturas. Más bien deberían exigir que se desarrollen polos económicos en esas zonas para el progreso de las comunidades que circundan las mismas.

    No hagamos docencia con falso patrioterismo….Loreto es peruano y punto………….

Comments are closed.