Cerbatanas – Setiembre 2

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La clase media

En los colegios hace años se enseñaba, y los libros muchas veces lo transmitían, que la clase social media era la profesional, es decir, los médicos, abogados, profesores o administrativos, porque se presumía que tenían formación e ingresos medianos que hacían pensar en un equilibrio entre las históricas desigualdades, pero hoy todo eso ha terminado.

Hace unos días un diario nacional realizó una encuesta sobre las preferencias electorales de la población en función a los grupos sociales en los cuales se autoubican los ciudadanos. Como resultado de este estudio más de un 70 % de los encuestados a nivel nacional se autocalificaban como de la clase social media y ante la pregunta si se sentía identificado con algunos de los candidatos (as) a la presidencia de la república, este rotundo porcentaje dijo no sentirse representado por ninguno de los que actualmente lideran las encuestas, llámese Castañeda, Fujimori, Toledo y Humala, por citar algunos de los voceados en las encuestas.

Señalaban que tanto Castañeda, Fujimori y Toledo de alguna manera representaba a la clase alta y que Humala a la clase baja, por lo que los análisis a la encuesta inferían que faltaba un candidato de “centro” que pudiera recoger el sentimiento de esta clase media. Pero ¿qué es clase media? Parece que los propios encuestados no lo sabían pues muchos de ellos estaban en el rango de la pobreza ya que sus salarios no alcanzaban a satisfacer la canasta vital que actualmente está bordeando los tres mil soles  para una familia de cinco integrantes. Pero igual se sentían de la clase media, porque obviamente a muchos le cuesta reconocer la pobreza aunque siempre hayan pertenecido a ella.

¿Qué es ser de la clase media? Muchos asumirían que tener un auto, una moto y una vivienda más o menos cómoda calificaría para estar dentro de este grupo que en algunas sociedades como la uruguaya o la argentina es la base popular y por ende no se observa tanta desigualdad como sociedades donde la pirámide social en la ubicación de los que más tienen es exageradamente pequeña y sin embargo se lleva más del 80% de ingresos originando injusticia social, como es el caso de la peruana.

Ser de clase social media, seguramente se dirán muchos, es tener un fin de semana en algún balneario, tener disposición para poder adquirir ropa todos los meses o estar matriculado en un colegio particular medianamente reconocido, pero la clase media más que eso es un estatus académico que en el Perú durante las dos últimas décadas prácticamente ha  desaparecido. El gobierno de Alberto Fujimori terminó por pulverizarla ya que  este sector normalmente se encontraba en las planillas estatales, al expulsarlas por recomendaciones del nuevo modelo económico, entonces también las pauperizó culturalmente pues la siguiente generación de esta clase social ya no tuvo condiciones ni méritos para poder seguir perteneciendo a esta, independientemente de los rangos económicos, sino que nació al interior de la famosa cultura chicha – combi que llevó al sótano a esta delgada línea social.

En los colegios hace años se enseñaba, y los libros muchas veces lo transmitían, que la clase social media era la profesional, es decir, los médicos, abogados, profesores o administrativos, porque se presumía que tenían formación e ingresos medianos que hacían pensar en un equilibrio entre las históricas desigualdades, pero hoy todo eso ha terminado. Toledo, e incluso García, se empeñaron en vano en fortalecerla con programas sociales pero no han logrado su objetivo y esta por eso aún se muestra escéptica a portas de las elecciones. Así se recupere económicamente y se haga masiva como el éxito brasilero en este  sector,  la clase social media tiene que tener inteligencia y ese es un proceso más largo y difícil, peor, en estos tiempos. Por ejemplo cuando haya una clase media más o menos pensante las diatribas contra la candidata Susana Villarán en Lima que la tildan de terrorista por levantar el brazo y empuñar la mano o tener una bufanda roja no calarían en la gente y lo único que harían es generar risas, pero seguro que aún cala, genera miedo y eso es porque la inteligencia en las clases sociales en general es un factor en extinción para felicidad de los políticos.

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