Beto, otra vez

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No vayan a creer que me pasé largas horas como ratón de biblioteca. Solo he accedido a los artículos de Beto Ortiz con un poquito más de rapidez gracias a la banda ancha. Y he disfrutado con varias frases de antaño y que tienen actualidad. Y las comparto con ustedes porque hoy viernes Beto Ortiz estará nuevamente en Iquitos para hablar de política y farándula, ni más ni menos. Ahí va:

“Que Bryce Echenique elija un texto de tu autoría y lo publique como suyo es el mejor accidente que le puede suceder a un escritor peruano. ¡Qué de brincos no daríamos!, ¡plágiame, Alfredo!, ¡A mí, a mí!

“Una digna integrante de nuestra farándula culturosa, llamándome alarmada ante el inminente escandalillo de café, me cuchicheó hace un par de días la siguiente memorable interrogante: ¿Puedes creer que hay gente que se alegra de lo que le ha pasado a Bryce?”

“Nunca lo dije porque éramos archienemigos, y quizás volvamos a serlo apenas nos pongan en el mismo horario. Nunca lo dije pero, aunque me muera de la pica o me arrepienta mañana, lo digo ahora: Magaly Medina ha producido una auténtica revolución cultural en este país. A la franca. No estoy siendo irónico. El espacio privilegiado de nuestra cultura moderna es la televisión. Y es claro que la ha cambiado para siempre, transformando, al mismo tiempo, la política, las maneras de hacer periodismo, el lenguaje y hasta la vida cotidiana de los peruanos. Alguien ya lo dijo antes. Lo repito: el Perú todo se ha magalizado. Y eso no es malo ni bueno. Simplemente, es.”

“De cada diez personas que me pasan la voz en el semáforo, en la cola del cine o en el supermercado, por lo menos siete lo hacen para lanzarme, al vuelo, alguna de las siguientes frases ingeniosas: a) “¡Te busca Magaly!”, b) “¡Guarda con el ampay!”, o c) “¡Ahí viene la ‘Urraca’!” Las tres restantes -es fácil de adivinar- me desean todas las suertes, aseguran ser mi fans o me gritan chimbombo, palabra ésta que detesto con todito el corazón.”

“Para ser famoso en el Perú hay que haberse chifado al paso a una vedette o a un presidente. No sé qué cosa será peor. Haydeé Aranda ostenta el récord de los récords: demostrando que, a pesar de su anorexia galopante, es propietaria de un señor estómago. No se cansa de ufanarse de que cueros tales como Toledo y Kenyi pasaron felices y contentos por allí. Tampoco duda en echar al tarambana de No sé cuantitos Reggiardo quien, de tan admirable modo, nace a la luz pública y -aleluya- existe, pues resulta que era un congresista y nadie se había enterado.”

“Para ser famoso en el Perú hay que saber sacar bien la vuelta. A tu mujer o a tus electores, a tu partido o a tu país. Lo mismo da. Ser un tránsfuga o un jugadorazo, al final, da igual. Cambiar de camiseta como de toalla higiénica. Sacar los pies del plato. Pasarse al bando de los que la llevan. Ser doble cara, doble agente. Traicionar y, lo que es aun más miserable: cobrar por traicionar. De esto pueden dar cátedra grandes luminarias como Olivera, ciertos travestis y una que otra porrista. Porque para ser famoso en el Perú hay que ser político o porrista. No sé qué cosa será peor. Tampoco sé en cuál de las dos te crece más el poto o en cuál se podrá chambear menos cobrando más. Cándidamente creí que el hecho de que eminencias tales como Tongo o Edwin Sierra no hubieran alcanzado escaño en el Congreso era síntoma de sabiduría popular.”

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