Barrio centro

Por Miguel DONAYRE PINEDO

Son días de primavera, el calor viene y se va. Está huidizo. El clima anda indefinido como es propio de esta estación. Aunque el calor, hay que decirlo, es hegemónico. Todos los días soporto la bulla de una reparación ordenada por el ayuntamiento dela CalleSantaIsabel a un paso dela Filmotecaespañola – cuya sala principal de proyecciones se parece a los de mi infancia en Pisco, eran cine y teatro a la vez. Golpes contra el pavimento con un enorme martillo desde las ocho y media de la mañana. Hala a dar la matraca. Algazara de obreros con diferentes tonos de español. Una máquina mezcladora que está a punto de reventar los tímpanos. De lunes a viernes. Es intolerable pero soporto estoicamente, quien ha pasado por la ordalía de Isla Grande cualquier prueba posterior es moco de pavo, me digo para reconfortarme. Me muerdo la lengua para no salir a maldecir a esos bullangueros. Ganas no me faltan y paso la mano sobre el lomo al lobo ansioso que llevo dentro. Así es durante esos cinco días de la semana. El sábado ese guirigay de la construcción se paraliza. Entra la calma chicha, salvo los gritos de los integrantes de un bar donde pasan partidos de fútbol. Compro el diario, me echo despatarrado en el sillón azul, bebo un frío y agradable gazpacho y estando a punto de leer me interrumpe y suena una cumbia. Me levanto, no puede ser resuello. Sí, es una cumbia amazónica, en pleno centro de Madrid, pongo oídos y es nada menos que Rosy War, la cantante de Madre de Dios, de voz un poco ronca y canciones de desamor. Glup, me quedo sin palabras.