¿Por qué será que en la mayoría de ciudades que poseen un pasado histórico rico se tiene lo viejo y lo nuevo? ¿Por qué en las ciudades donde en la colonia se libraron batallas increíbles entre realistas y republicanos se conserva las fortalezas y las han convertido en fuentes de recaudación? ¿Qué ha provocado que las autoridades de otros países y ciudades destinen recursos y esfuerzos para conservar edificios con más de cuatro siglos de antigüedad? ¿En qué momento hemos perdido el interés por el pasado y dejado a la buena voluntad esas edificaciones que han sido construidas como testimonio de una época que tendría que ser conocida por todo adolescente?

Hay La Habana vieja y la moderna. Existe Cartagena colonial y antigua y la nueva. Se observa Bilbao antiguo y nuevo. Se recorre Buenos Aires lindo y querido por añejo y viejo como la parte actual. Se pasea por Quito histórico y denominado como patrimonio monumental de la humanidad como sus construcciones modernas. Se transita por las calles angostas de Génova donde en un kilómetro cuadrado hay más iglesias que fieles y en la que la antigüedad no solo es clase sino que nadie se atrevería a siquiera manosearla. Se aprecia las aguas de Venecia donde hasta la naturaleza se cuida de no maltratar las construcciones que son fuente de riqueza. La parroquia principal de Barcelona es un atractivo turístico porque hace años se la remodela con todos los cuidados científicos y financieros que un edificio requiere y a su alrededor pugnan por tomarse una fotito asiáticos, europeos y sudamericanos que por miles llegan diariamente. Y así podríamos seguir con una relación interminable de ciudades y edificios mundiales donde el común denominador es la generación de riqueza a través de la riqueza natural.

Y se pasea por Iquitos y lo primero que sorprende es la casa de fierro. Abandonada, maltratada, ninguneada. Sin ningún empresario que se atreva a invertir y convertirla en fuente inagotable de divisas. Tiene que mostrarse huachafona con anuncios y letreros estrambóticos que esconden una indiferencia gubernamental penosa. En sus fierros retorcidos por el calor esta la evidencia de una época que significo opulencia pero también muerte y destrucción. Lo bueno y lo malo, si quieren. Pero que nadie conoce, todos ignoran y pocos hablamos. Y así como la casa de fierro están todas las edificaciones. Unas quizás mejor cuidadas pero igual de ignoradas. Y con ello se mantiene en la ignorancia a los ciudadanos que salen de las aulas y no saben absolutamente nada de aquellos años donde en Loreto se convidaba cerveza europea a los caballos, se vestía con lino inglés, se comía conserva portuguesa y se atracaba en Liverpool y Manaos en medio de una algarabía creciente que daba las libras esterlinas con las que se comercializaba. Y ante todo eso siempre estará mi alma inquieta, mi mente insatisfecha y mi autoestima perpleja como esperando que despertemos de esa oscuridad. Sí, porque con dejadez e indiferencia las autoridades ni siquiera se percatan que maltratan la autoestima ciudadana.

1 COMENTARIO

  1. LEER TU COLUMNA SOBRE IQUITOS MODERNO Y LA ANTIGUA HA SIDO UN CATARSIS LLENO DE NOSTALGIA PORQUE ES UNA CIUDAD QUE TODAVIA CONSERVALO HERMOZO DE SU ANTUGUEDAD Y ESPERAMOS QUE LOS EMPRESARIOIS DE HAGAN ALGO Y NO SOLO ESTEN PENSANDO EN PONER DINERO EN ALGUN CANDIDATO MEDIOCRE FELICITACIONES

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