Alerta por la libertad de prensa

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En  nuestro legajo de desbordantes celebraciones, de esas jornadas tan vistosas y concurridas, no figura una fecha tan importante para cualquier sociedad que aspire a salir de las cavernas. Nos referimos al Día Internacional de la Libertad de Prensa, que en toda la tierra se conmemora hoy lunes.  El ludópata Ramón Castilla expresó, con todo desparpajo, lo que en el Perú piensa el poder de la prensa: A los periodistas hay que comprarlos o encarcelarlos.  Prensa y poder no dejan de vivir en un litigio sin armisticio, con sus altas y sus bajas, sus víctimas, sus héroes y sus canallas.  En tiempos de Castilla el poder solía emplear el dinero o los barrotes sin mayores escrúpulos. Hoy las cosas han variado un tanto. La represión no es directa, utiliza otros mecanismos. Entonces en  esta celebración no caben los alegres brindis, los presentes nada claros, los discursos de acomodo. Cabe una especie de alerta, tanto en los gremios periodísticos como en la misma sociedad civil.

El rostro adusto y despectivo del presidente Alan García nos sale al paso, cuando se trata de medios y periodistas que critican su gobierno. El locuaz mandatario, obviamente, prefiere al plumífero contratado, al editorialista con las rodilleras puestas,  al cronista de las inauguraciones oficiales.  Aunque ciertos voceros del régimen hablan de su respecto a ese don preciado del ejercicio de la profesión periodística, las cifras dicen lo contrario. En los primeros meses de este  año 2010 hay 72 atentados contra la prensa peruana, de acuerdo a datos de la Oficina de Derechos Humanos del Periodista. En esa campaña  hay 35 casos de agresión física y verbal, 15 episodios de amenazas y hostigamientos, 13 casos de presión jurídica y 3 trabas al ejercicio de la profesión.  De manera que los periodistas incaicos viven en el borde del peligro, en la frontera de cualquier emboscada que los limite o los silencie.

En la región Amazónica,  el abusivo cierre de Radio Bagua es el más claro ejemplo de atentado contra la libertad de expresión. ¿Quién puede decir que el actual régimen no obtuvo ganancias al silenciar las críticas que se le hacía desde ese medio? Hay otras amenazas que penden sobre el periodismo,  como juicios en marcha de los cuales no escapa este diario.  Desde luego, la primera opción castillista,  la compra de la pluma o la portada, ha hecho fecunda carrera entre nosotros, pero eso es otro tema. Lo que interesa es que la libertad de prensa, preciado don para la mejora de cualquier sociedad, no es un rubro asegurado.  Sufre amenazas de aquellos que  quieren la censura o la mordaza. Entonces, repetimos, cabe una alerta cívica y colectiva para evitar que el poder y sus beneficiarios empleen recursos legales o vedados para acabar con la opción de la crítica en el Perú, en la Amazonía.

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