Alejandra, la maestra.

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Hace 20 años la profesora Alejandra viene ejerciendo, estudiando y actualizándose de acuerdo a las propuestas que alcanza el Ministerio de Educación y que en estos últimos años se resume en lo que se llama la Ley de Reforma Magisterial. Cómo casi el 80% de maestros en el Perú, que son mujeres, hace doble y a veces hasta triple función. No la derrota los cambios intempestivos de las normas, el alejamiento de los padres en la formación de sus hijos, ni siquiera la ardua competencia que se ha generado por los concursos y evaluaciones del Minedu, pero sí la indiferencia de una sociedad para con sus maestros.

Alejandra se levanta a las cinco de la mañana. Transforma los alimentos diarios en amor y vigilancia para con sus tres hijas, acude a su trabajo de capacitación a docentes y formación de estudiantes en varias IEs en diversos puntos de su ciudad. Estas realidades le han permitido conocer cuáles son las expectativas de los maestros, las pobrezas de los alumnos.

Ha conocido de los buenos directivos y también por supuesto de los mediocres en los cuáles se detiene esta sociedad que apunta al maestro como el mayor responsable de los resultados de las mediciones en educación escolar. Pertenece a ese grueso sector de docentes que pugna por un nombramiento pero que la estrechez del sistema y de las plazas puestas en nombramiento hace imposible este derecho. Si el nombramiento fuera un mérito meramente académico, hace años lo hubiera obtenido pero el sistema está pensado en una serie de procedimientos y propuestas que hace que el embudo del nombramiento se haya reducido a tal punto que sólo sirva de propaganda al gobierno para validar un proceso sobre-valorado. Pero a la hora de las sumas y restas Alejandra se siente satisfecha de haber optado para ejercer su vocación: formar generaciones.

Como en ninguna otra actividad profesional de nuestra sociedad, en la docencia se pueden sentir tantas emociones como retribución a lo que hace cada día Alejandra y cerca de 400 mil maestros en el Perú que hoy celebran su día. Buscar como compensación un sentimiento no tiene precio y ella lo sabe y es su mejor alimento, pero también ha sido la excusa perversa que gobierno tras gobierno y una sociedad insana ha dado como pago a sus maestros. “El maestro debe ser apóstol” dicen y por eso justifican que se le trate mal.

En el discurso los maestros son imprescindibles, pero en el hecho son maltratados y no necesariamente por los niveles de su salario sino por la indiferencia y poca valoración de su enorme trabajo diario, así es que; si tenemos una sociedad en decadencia es en parte porque hemos tratado mal a los maestros, los hemos humillado, los hemos expuesto a la burla de varios gobiernos y para complementar todo esto, han destruido sus organizaciones sindicales de tal manera que ya ni ellos pueden defenderse.

¿Ha sido sólo responsabilidad del estado o ellos han contribuido? Pasando por el tamiz que diferencia los buenos de los malos, los primeros son abrumadoramente una mayoría. Ahí se encuentra Alejandra insistiendo en cambiar desde su ámbito y nivel lo que pueda cambiar, lo que pueda tocar su discurso y su ejemplo sin esperar que la aplaudan o le otorguen un diploma especial por algo que considera su vocación y su forma de vivir con el prójimo. Feliz Día del Maestro.

 elescribidor3@hotmail.com

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